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Nuevos sucedáneos de la religión

Así, cuando oigo hablar de la "madre Tierra" me dan ganas de gritar que no la llamen madre, que no es verdad. Una cosa es que amemos y disfrutemos la creación, incluido el "hermano lobo" de San Francisco y otra muy distinta olvidar lo que somos, personas con alma y cuerpo y que venimos del Creador.

Otra empanada dialéctica es la de los puentes con otras religiones. No nos engañemos, nuestra obligación es ser coherentes con nuestra Fe. Jesucristo  es Camino, Verdad y Vida y no tendió puentes ideológicos con los que adoraban a falsos dioses, ni los hubiera hecho con quienes predican el odio a los infieles y el desprecio a las mujeres... como tampoco hizo pactos con el demonio, cuando le tentó en su retiro de la montaña, ofreciéndole el poder. Quizás la peor tentación de nuestro tiempo sea el Sincretismo, esto es la falsa fusión de las religiones con la que algunos “señores del mundo” pretenden ponerlas a su servicio.

Otra cosa infumable es lo de la "lucha" por los pobres, que recuerda obviamente a la lucha de clases marxista leninista. Los católicos debemos amar al prójimo e imitar a Cristo, dando ayuda a quien lo necesita, pero teniendo claro que las "luchas" pertenecen a la esfera política, no a la Religión. Un católico puede militar en el partido político que considere más conveniente para su pueblo, pero no manipular a Cristo, que dijo bien claro "Mi Reino no es de este mundo" y "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios".

La guinda del buenismo rampante es olvidar el grave error que significa olvidar o negar los pecados y al mismo tiempo condenar el negacionismo de algo tan discutible como que el supuesto calentamiento climático sea debido al hombre, apoyándose en un pretendido consenso científico-globalista que ignora que hubo muchos cambios climáticos, incluso grandes glaciaciones antes del hombre.

En fin, no nos distraigamos con sucedáneos y meditemos sobre el camino de perfección de San Francisco y San Antonio, que era despojarse de las cosas materiales y recordemos también que el camino de San Pablo, como el de San Francisco Javier y otros tantos santos, fue evangelizar y hacer proselitismo del bueno, para que la Palabra de Cristo llegara a toda la Tierra.